Dos días después de que Europa metiera el bisturí en Dublín parece evidente que no ha logrado su objetivo y que la infección amenaza con gangrenar otros miembros del cuerpo. El problema es que los renovados ataques de los inversores tras el rescate de Irlanda ya no cuestionan la posibilidad de que un pequeño país tenga que solicitar ayuda financiera. Lo que está en juego ahora es la propia viabilidad de la unión monetaria y, por ende, del proyecto europeo. Tras las dos víctimas que ya se han cobrado -Grecia e Irlanda-, los mercados apuntan ahora directamente al corazón de las dos siguientes: Portugal y España.